Crónica de una colombiana que huyó a Lima
CORTE A LA MAFIA
Anainés salió a las 10 de la noche de la pollería en la que trabajaba, como casi todos los días durante los últimos 3 meses y se sentó a descansar en una de las bancas de la Plaza San Martín en el centro de Lima, en donde por más esfuerzo que haga por pasar desapercibida, es delatada por su colombianísimo acento y extraña belleza atrayente de muchas miradas y silbidos.
Se detiene a observar a una pareja de niños en bicicleta y recuerda aquel inocente hecho hace ya más de 40 años que defino su futuro por los siguientes 30. Anaines salía del colegio como todas las tarde y pedaleaba en dirección a su casa en el barrio de Cali, cuando la cadena de su bicicleta salió volando por los aires, de inmediato Darío, un joven de más o menos su misma edad, se acercó a socorrerla y la acompañó hasta la puerta de su casa. Anainés y Darío se enamoraron y como es casi obvio; se casaron y tuvieron hijos. Vivían muy acomodados con el sueldo de peluquero de Darío, quien sumergido en el mundo de las drogas, se convirtió en el barbero predilecto de los mayores narcotraficantes de su país, los capos del Cártel de Cali y del Norte del Valle, Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela.
Anainés, aunque nunca muy enterada de la situación, vivía una pesadilla al lado de Darío, los constantes ataques de celos, furia y los maltratos de las que fueron víctimas por tantos años ella y sus 5 hijos, no fueron suficientes para que ella lo dejara. No fue hasta que su esposo empezó a ser ocasionalmente raptado por los mas conocidos narcotraficantes de Colombia que prescindían de sus servicios, y a ser perseguido para interrogarlo, que Anainés resolvió en huir a un país vecino, y es así como ahora esta colombiana se encuentra meditando acerca del destino, sentada en una banca en la plaza San Martín.


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