CUENTOS DE MICRO
“Camucha”, como le dicen sus amigos del barrio, no supo que tenía el don de contar increíbles historias hasta que tuvo 7 años, cuando quiso impresionar a un chico de su cuadra inventándose una aventura sobre un tesoro escondido a la vuelta de la esquina de donde vivían. Desde ese día no paró de escribir y contar increíbles historias. Tan reales que daban escalofríos; tan vivas que uno parecía ser el personaje principal de las mismas.
Ella sube todos los días al primer micro del paradero de Huaylas, y así es como comienza su labor del día. No se gana la vida vendiendo golosinas, sino contando alucinantes cuentos en los micros. Nunca ha sabido de donde le salen todos esos extraños e increíbles relatos que narra con tanto ahínco. No sabe leer, ni escribir, y nunca ha viajado a ninguna parte.
Algunas veces los choferes y los pasajeros de los micros le preguntan sobre sus historias, sobre los remotos lugares de sus locas escenas. Ella responde que sólo narra las historias que suceden en el país de sus sueños, y que algunas veces cuando ve a alguien durmiéndose en el micro mientras ella habla, siente que sus historias cobran vida en esa persona, al menos hasta la próxima parada.


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